—Viene conmigo.

—¿Y Alvarito?

—También.

—¡Qué habrás pensado, abuelo! Alguna cosa has pensado tú que no me quieres decir a mí.

—Nada, nada.

—¿No vas a hacer algo peligroso?

—No, no; no tengas cuidado.

—Porque ¿qué haría yo si me quedara sin mi abuelito?

—No, no haré nada peligroso; tranquilízate.

—Nos vas a tener inquietos en casa.