Chipiteguy besó a su nieta y le dijo que fuera a su reunión.

Al día siguiente, antes que Manón se hubiera levantado, Chipiteguy y Alvarito salieron en su carricoche por la orilla del Nive.

La galera con Frechón y Claquemain había salido anteriormente, y unidas a otras varias y a un coche de un vendedor de lápices, marchó hacia San Juan de Pie de Puerto.

Tres días después entraban los coches y las galeras en Pamplona por la puerta de Francia y se instalaban en el paseo de la Taconera.

Chipiteguy llevaba recomendaciones de Gamboa para el capitán general y para el jefe político, don Domingo Luis de Jáuregui.


V
EN PAMPLONA

El sol caía de plano sobre la llanura de Pamplona. Era un día de julio, día de San Fermín. En los alrededores de la ciudad los campos estaban segados y se preparaban para la trilla. Los montes de la cuenca pamplonesa, el Perdón y el Ezcaba, el Servil y la Higa de Monreal, San Cristóbal y la Silla de Pilatos aparecían azules en el cielo inflamado. En la vuelta del castillo amarilleaban los hierbales; sólo en los fosos de la muralla, en algunos rincones sombríos, se conservaban aún verdes y frescos; el campo se hallaba dominado por el color dorado y la ciudad aparecía caldeada dentro de sus murallas grises, en su gran llanada, rodeada de montes pelados.

Por los caminos, y a pesar de que los carlistas ocupaban los alrededores, venían los campesinos, hombres y mujeres, en los caballejos y en las mulas, a las fiestas, que se celebraban sin gran esplendor, por la guerra.