El físico del pueblo francés, monsieur Bazin, tenía una barraca con un letrero que decía: "Palacio de las Maravillas, bajo la dirección de A. Bazin, físico del pueblo francés."

¿Por qué el pueblo francés necesitaba un físico especial? Lo ignoramos.

El físico del pueblo francés, monsieur Bazin, era genial. Los pensamientos no le cabían en el cráneo y solía pasear con el sombrero en una mano y en la otra un bastón de junco, que tenía una hermosa bola blanca en el puño. Con este bastón hacía molinetes en el aire, daba estocadas a los árboles, se sacudía los pantalones, pegaba a los perros, acariciaba a los niños, porque el bastón constituía una parte integrante de la interesante personalidad de monsieur Bazin, físico del pueblo francés.

Los españoles de la feria eran, en su mayoría, gente pobre; uno tenía unas vistas o tuti-li-mundi en un carrito, otro un cosmorana, un tercero un aparato como un castillo, con el que predecía el sino de cada persona y los números que iban a tocar en la lotería.

Este, que era un paleto castellano, vestido de pana, con una gorrita, decía:

—Por dos cuartos se dan los números fijos de la lotería y el sino de cada persona. ¿Quién pide otro?

Había, además, un hombre con un tíovivo y otro con la rueda de la fortuna.

El tíovivo era un tíovivo a la antigua, sin espejos, ni oriflamas, ni ondinas, ni cerdos, ni elefantes; un tíovivo clásico con unos pobres y miserables caballos de cartón. El hombre del tuti-li-mundi, el señor Paco el asturiano, el del cosmorama, tocaba el tambor, y a pesar de que era un tipo pesado y tranquilo, entretenía a la gente, contándole lo que iba a ver y la historia de las personas que aparecían en las vistas ópticas.

—¡Adelante, señores, adelante!—decía—. ¡Aquí verán ustedes una vista de la bella Venecia! Tan tarán tan tarán tan. ¡Y qué vistas, señores! ¡Cuánta iglesia! ¡Cuánta torre! ¡Cuánto palaciu! ¡Cuánta góndula! Tan tarán tan tarán tan. ¡Mirad esa góndula que va por el gran canal! Van en ella dos enamoradus. Ella era una dama de las más principales del pueblu. El es un joven venecianu, elegante y peripuestu. ¡Cómo se arrullan los tortulitus! Tan tarantán, tarantán. ¡Mirad esa vieja que los mira desde la otra góndula! ¡Cómo se indigna porque a ella no le hacen casu! Y es bigotuda. Podía retorcerse el bigote. ¡Adelante, señores, adelante! Tan tarantán tarantán.

Con los industriales pobres de la feria se reunía el hombre orquesta Remifasol, que era un saboyano, y que tocaba al mismo tiempo con manos y pies ocho o diez instrumentos, entre ellos un acordeón, unos platillos, un bombo y una flauta.