—¿Cree usted?...
—Sí.
—Yo no lo creo.
—Si yo conozco al público—contestó el viejo.
—¿Y qué va usted a hacer? ¿Marcharse?
—No; voy a llevar a la barraca el cosmorama y a ponerme de acuerdo con el hombre que lo tiene.
A Alvarito le pareció aquélla una combinación bastante mala; pero no dijo nada.
Dos días después Chipiteguy le indicó que, como las estampas del hombre del cosmorama estaban bastante estropeadas, le iba a encargar a Alvaro que las compusiera y arreglara.
—Pero yo no sé dibujar ni pintar para eso—advirtió Alvaro, un tanto alarmado.
—No importa. No se necesita gran cosa.