—Yo no sé si sabré hacerlo.

—Primero compones las estampas con engrudo—repitió Chipiteguy—y luego las retocas un poco con pintura.

A Alvarito le pareció el cargo de mucha responsabilidad; pero prometió hacer la obra lo más concienzudamente que pudiera.

Como no era fácil que en la barraca ni en la galera se hiciese esto, que exigía cuidado y atención meticulosa, Chipiteguy indicó a Alvarito que se quedara en la calle del Carmen y dijo en la casa que cedieran al muchacho un cuarto.

La dueña, que era una cerera, le llevó a Alvarito a un gabinete pequeño con una mesa, una cómoda con un Niño Jesús, con una bola de plata en la mano; un antiguo sofá verde, unas sillas, también verdes, y las paredes llenas de cuadros viejos horribles de santos.

Alvarito llevó allí el montón de estampas que había que restaurar y se puso al trabajo con toda su buena fe. No se le ocurrió que lo único que se pretendía era alejarle de la barraca.

Cuando Alvaro le enseñó al viejo sus primeras restauraciones, a Chipiteguy le parecieron muy bien. Alvarito trabajaba durante todo el día. Unas veces borraba, otras limpiaba con jabón y agua caliente con mucho cuidado, restauraba lo que podía y dejaba las estampas a que se secaran en el suelo, sobre el sofá y la cómoda; una raya mal hecha, una tinta que se corriera, le preocupaba.

Por la tarde, con el chico de la casa, iba a pasear a la Taconera. El chico de la casa, hijo de la dueña, a quien llamaban Cholín, era carlista, como toda su familia. El chico le enseñaba a Alvarito las curiosidades de Pamplona y lo que a él, como carlista, le interesaba.

Fueron los dos a ver la Ciudadela y el baluarte donde fusilaron, al principio de la guerra, a don Santos Ladrón. Cholín contó lo que dijo el general carlista cuando le obligaron a ponerse de espaldas para matarle, y cómo le sacaron, después de muerto, a él y a su teniente Irribarren por la puerta del Socorro a enterrarlos en el cementerio.

Un cañonazo, disparado a media tarde, desde el mismo baluarte, anunció al pueblo de Pamplona que la sentencia estaba cumplida.