Cholín había conocido a don Santos Ladrón en Estella y le parecía un gran hombre.
También le enseñó Cholín la casa del paseo de Valencia, cerca de la Taconera, donde hacía poco los sublevados de las compañías francas habían matado al general Sarasfield, y en donde Espartero, como represalia, mandó fusilar poco después al coronel Iriarte y a sus compañeros, la mayoría masones y partidarios de la independencia del reino de Navarra.
A Cholín la idea de los masones le producía espanto. A Alvarito ya no le hacía ningún efecto.
La madre de Cholín, después de cenar, le contaba a Alvaro historias viejas de la ciudad. Ella le había visto, desde su tienda, pasar al coronel Zumalacárregui una mañana fría de un día de octubre y salir por la puerta de Francia. Poco después se supo que estaba en Huarte Araquil, al frente de todos los carlistas.
Por qué Alvarito sentía cada vez menos entusiasmo por el carlismo, a medida que vivía entre carlistas, él no sabía explicárselo; pero así le pasaba.
Alvarito no quería abandonar a sus amigos de la feria, y por la noche, harto de las historias de Cholín y del carlismo, cuando se cerraban las barracas y los dueños y sus criados iban a pasear o se quedaban de tertulia cerca de sus instalaciones y de sus carros, Alvaro se reunía a ellos. La mayoría charlaba o jugaba a las cartas. La señorita Atala, la del tiro al blanco, fué varias veces con Alvarito a sentarse al mirador de la Taconera, de noche. A ella no le parecía mal el muchacho; pero a él no le gustaba la titiritera con sus aires de cascarota.
Ella tenía sus ilusiones raras de bohemia y trotacaminos; pensaba que el mundo feo y penoso en que vivía se iba a abrir en cualquier ocasión e iba a aparecer el palacio admirable con sus esplendores orientales. Cuál sería la palabra mágica, cuál el momento, no lo sabía.
Alvarito estaba entusiasmado con Manón y no hablaba más que de ella y de Bayona. A la señorita Atala, Bayona le parecía un pueblo horrible y aburrido.
A veces la titiritera y el muchacho se sentían de acuerdo.
La decoración era inspiradora; aquellas noches templadas, con el cielo lleno de estrellas, la obscuridad de alrededor, las luces misteriosas en los pueblos lejanos, el alerta de los centinelas; todo ello hablaba a la imaginación.