Una noche, en su cuarto de la plaza del Reducto, Alvaro soñó que iba por la cornisa de un puente, sobre la acequia de un molino, sitio que recordó haber pasado en la infancia. Apenas si existía espacio para poner los pies en aquella cornisa.

Pasaba varias veces por ella, sin miedo y con curiosidad; pero al salir se encontraba con una vieja que le sonreía... y se echaba a temblar. Siempre sentía lo mismo; la vieja vestía de negro, que le sonreía insinuante, le hacía estremecerse de terror.

¿Quién era esta mujer? ¿Qué significaba? Probablemente sería la Muerte. No lo sabía, porque no le revelaba su secreto; pero, ¿quién podía ser más que la Muerte?

De pronto, el lugar adonde había salido recorriendo la cornisa se transformaba en una barraca de muñecos del pim pam pum, y aparecía la señorita Atala, con su pelo rubio. La Atala daba los billetes y él tomaba doce bolas para lanzarlas a los muñecos.

Cada una de ellas pesaba como si fuera de plomo. De pronto notaba que los muñecos eran todos los tipos que había conocido en la feria de Pamplona: el físico, Montdidier, Clarck, etc. Alvarito tiraba la pesada bola sobre la primera figura, ésta se torcía al golpe y volvía a aparecer de nuevo erguida. Entonces Alvaro hizo un nuevo esfuerzo y se despertó.


VII
EXPLICACIONES DE CHIPITEGUY

Frechón, con su costumbre de espiar a todo el mundo y de escuchar detrás de las puertas, se había enterado del diálogo de Manasés con Chipiteguy y de la visita de éste a Gamboa.

Al llegar Frechón a Pamplona encontró medio de verse solo con Chipiteguy y le planteó la cuestión.