—Yo no he encargado nada a ese señor Chipiteguy. Si ha ido a Pamplona habrá sido por su cuenta.

Al oír lo que decía el cónsul, Frechón quedó desconcertado.

—Chipiteguy me dijo a mí que iba a Pamplona, encargado por usted, para recoger unas barricas, cargadas de oro y plata.

—Pues el tal Chipiteguy le ha engañado a usted.

—¿Y cómo le han dado esas barricas sin orden de nadie?—preguntó Frechón.

—Yo no sé nada, señor mío—replicó el cónsul—. ¿Y usted, cómo lo sabe?

—¿Cómo lo sé? Porque he ido con él a Pamplona.

—¿Y usted ha visto esas barricas?

—Sí, señor.

—¿Y había de verdad cruces y custodias?