Buscaron mejor y dieron con un Lacenaire con su puñal, pero al lado de los Asesinos de Chipiteguy era un personaje ridículo.

A Alvarito le convino la visita a las figuras de cera, porque le quitó para mucho tiempo el terror que tenía por ellas.

Pensó que había estado durante su estancia en casa de Chipiteguy asustado por un peligro quimérico y se decidió a mirar en el porvenir las cosas cara a cara y frente a frente, fuesen figuras de cera o personas de carne y hueso.


CUARTA PARTE
PALOMAS Y GAVILANES

I
MANÓN Y ROSA

Alvarito iba ascendiendo de categoría en casa de Chipiteguy. El viejo le consideraba cada vez más y le iba tomando cariño. La andre Mari, que siempre le había mirado con simpatía, le mimaba; la Tomascha le tenía como uno de sus favoritos, y Manón, como un amigo.

Habiendo subido de importancia en la casa, le habían bajado de la guardilla a un cuarto del segundo piso. Alvarito estaba contento, todo lo contento que puede estar un enamorado no correspondido.

Alvarito, que tenía como confidente a su hermana, le confesó que su entusiasmo por Manón crecía por momentos. Manón era una chica única, con una gracia y un encanto extraordinarios. Además, no le daba miedo nada; subía sola a la guardilla o iba al anochecer a la cueva sin temor a aquellas malditas figuras de cera que a él tanto le habían espantado. Manón era siempre viva, activa y trabajadora; pero cuando se lo proponía, era más.