Manón a veces era imprudente; había tenido una educación desordenada y fantástica, propicia para dar alguna sorpresa desagradable al viejo Chipiteguy; afortunadamente, la chica poseía un fondo de buen sentido, a pesar de sus fantasías y de sus extravagancias. Manón empleaba en ocasiones la burla y el sarcasmo, pero en el fondo era sentimental y romántica, Para el que la pretendiese era una mujer difícil de conquistar, que exigía demasiado de las personas. Rosa era siempre modesta y tímida; el pasar la vida ante el público en un bazar no le había quitado su timidez congénita.

Rosa tenía el óvalo de la cara alargado, la boca demasiado grande, de labios gruesos; cierta palidez atezada, mate, en el rostro, como de criolla, y una hermosa cabellera negra de tonos azulados.

Al principio de tratarla parecía sosa y sin gracia; pero a medida que se la conocía iba siendo más atrayente y desarrollando su personalidad de una manera lenta y segura.

Dolores hablaba con mucha frecuencia a su hermano de los encantos de Rosa, de su simpatía y de sus conocimientos caseros; pero Alvarito no se entusiasmaba más que con Manón y no tenía ojos más que para ella.

Sentía hambre y sed de la presencia de Manón. Este hambre y esta sed constantes e inapagable de verla y de oírla era, sin duda, el amor. Ante ella se encontraba como si hallase su centro de gravedad; en cambio, cuando se alejaba de ella le parecía que le faltaba el sostén de su vida.

A veces el placer de estar a su lado le daba la impresión de tener el corazón ligero.

Cuando estaba lejos de ella pensaba en lo que estaría haciendo en aquel momento.

En la cama constantemente, medio en sueños, tenía conversaciones con ella, hacía proyectos, debatía cuestiones sentimentales, se explicaba, se legitimaba.

Dolores, con malicia femenina, solía desviar la atención que tenía su hermano por la nieta de Chipiteguy y trataba de dirigirla sobre Rosa.

Manón ya notaba que Dolores y su prima Rosa habían formado una alianza ofensiva y defensiva un poco contra ella; pero se sentía tan superior, que no le importaba.