—Es una mujer de lujo, de mucho encanto, estoy conforme; pero para tenerla en casa, yo, modesto vinatero, no la querría.

A veces, en el verano, cuando Manón, Rosa y Morguy pensaban hacer excursiones, le invitaban a ir a Pedro; y éste, para no tomarse el trabajo de discutir, decía que sí, pero luego no iba, con lo cual indignaba a todo el mundo, principalmente a su hermana, que decía de él pestes.

En una de aquellas excursiones, Manón, Rosa y los amigos conocieron al conde y a la condesa de Hervilly.

Sonia, la dama misteriosa que intrigaba a Aviraneta, manifestó gran simpatía por Manón, y fué a verla a su casa y entabló amistad con ella. Se mostró muy amable con Alvarito y, como la condesa hablaba muy bien el castellano, le dirigió varias preguntas acerca de su familia y de España.

A Chipiteguy no le hizo mucha gracia la amistad de su nieta con la extrajera; no le parecía bien que la hija de un trapero tuviera amistades con una condesa, pero nada podía decir.

La condesa de Hervilly presentó en casa de Madama Lissagaray a dos aristócratas, amigos de su marido y suyos: el vizconde de Saint-Paul y el caballero de Montgaillard.

El vizconde de Saint-Paul tendría veintiséis o veintisiete años; era tipo de francés del Norte, alto, rubio, fuerte; el caballero de Montgaillard, de veintitrés o veinticuatro años, parecía un italiano del Sur. Era moreno, más bien bajo que alto, con los ojos negros, delgado, con aire un poco cansado de trasnochador, el pelo rizado, la cara audaz y la tez de mal color, pálida, biliosa y llena de granos.

El vizconde de Saint-Paul se sabía que era de una familia rica de París; respecto a Montgaillard había sus dudas. El decía que era hijo del marqués de Montgaillard y sobrino de un conde de Montgaillard; pero había quien aseguraba que tanto el condado como el marquesado no tenía realidad alguna.

El joven Xavier de Montgaillard era hijo del titulado marqués de Montgaillard y de una señorita de Crussol. El marqués de Montgaillard pasaba por realista y había hecho la campaña de la Vendée, con Clarette, y estaba preso en el Temple.

Xavier era sobrino del célebre intrigante y libelista conde de Montgaillard, que al parecer no era conde.