—Se va a hacer tarde.
—¡No, no; ca!
Pasaron al comedor y se sentaron a la mesa, muy elegantemente puesta, con mantel antiguo, bordado, y vajilla de Sevres.
De pronto notaron que andaba revoloteando algo por los rincones.
—¿Qué es? ¿Un murciélago?—preguntó Manón.
—No, es una mariposa—contestó el dueño de la casa, y con un pañuelo logró cogerla.
La mariposa era grande y hacía un chirrido como si se quejara. Alvarito se estremeció; el aleteo de la mariposa y sus quejidos le produjeron una sensación desagradable.
—Es el Sphinx atropos, la mariposa de la calavera—dijo el amo de la casa.
—¡Qué horror!—dijo Rosa—. Suéltela usted. Eso debe ser de mal agüero.
—Sí, estas mariposas asustan a la gente, pero son inofensivas para las personas; no así para el campo, donde hacen muchos destrozos.