Manón se echó a reír.
—¿Por qué te ríes?—preguntó Alvaro.
—Porque pareces un viejo; discurres demasiado bien.
—No tengo tu exuberancia; tú tienes más vida que yo y más talento.
—¡Bah!
—Sí. Todos lo notan. Pedro, el hermano de Morguy, dice que tú tienes una turbulencia insaciable y una versatilidad tal, que eres capaz de volver loco a cualquiera.
—¡Qué majadero!
—No; es verdad. Todos los demás somos más tranquilos que tú.
—Sí, mosquitas muertas, como dice mi abuelo. No hay que fiarse del agua mansa.
—¿No te fiarías de mí?