—Sí, el mejor día le van a dar a usted un disgusto. Quizá lo mejor que puede usted hacer es marcharse de aquí.

—¿Es eso serio?—preguntó él, asombrado—. ¿Qué quiere usted decir con eso, señora?

—Todos sus proyectos están conocidos.

—¿Es que usted se dedica a la política?

—No; es verdad que soy carlista, pero tengo otros motivos para tener odio contra usted.

—¡Odio! ¡Contra mí! Yo no la conozco a usted.

—Pues yo sí le conozco a usted.

—¿A mí?

—Sí.

—¿Es una broma?