—Implacable, no.

—Sí, implacable.

—¿Y ella, no lo era? Me persiguió a mí, le persiguió a su padre con saña. Tenía ese fondo vengativo y rencoroso de los criollos. Odiaba a los españoles, como todos los Mirandas.

—Yo también los odio.

—¿Con motivo?

—Sí.

—¿Qué motivos puede usted tener?

—Las crueldades de los españoles con los indios.

—¡Bah! ¿Y quién las ha hecho? ¿Los españoles que se quedaron en España, o los españoles que fueron a América y se convirtieron en americanos? Estos últimos son los hijos de los conquistadores, de los que hicieron todo lo bueno y todo lo malo que los españoles han hecho en América. Es ridículo que ellos ahora se disfracen con la piel del indio... Perfectamente ridículo. Se avergüenzan de tener sangre de indios y quieren pasar como sus herederos.

—Ustedes han sido muy crueles.