Hacía ya un día entero que el viejo no aparecía por parte alguna.

Manón y Alvarito habían ido de acá para allá preguntando por el viejo. La andre Mari y la Tomascha se dedicaban a lamentarse y a decir que ellas ya habían previsto aquella desgracia.

Se preguntó en las cuadras de alquilar caballos, por si el trapero había tomado alguno para hacer compras por los alrededores; se fué a ver a Automendy, un alquilador de coches de la Puerta de España, conocido de Chipiteguy; se habló a todos los amigos del viejo. Nada dió resultado.

Al día siguiente se avisó a la policía.

La desaparición de Chipiteguy de la casa del Reducto produjo gran efecto entre sus conocidos.

Se habló de la masonería, de una sociedad secreta republicana que se llamaba las Estaciones, que quizá le había dado una comisión; hubo quien sacó a relucir a los jesuítas.

Pasaron días y más días y no hubo noticia alguna. Chipiteguy definitivamente había desaparecido.


QUINTA PARTE
EL SECUESTRO DE CHIPITEGUY