Malhombre tenía un perro muy inteligente y también ladrón, Erbi.

Se decía que Erbi, con mejor corazón que su amo, una noche que entre Martín Trampa, su criado y Perico Beltza mataron a un viajero, estuvo aullando de una manera lastimera largo tiempo cerca del cadáver.

Malhombre solía llevar siempre un rompecabezas, hecho por él, que consistía en un vergajo de un palmo con una bola de plomo sujeta a la punta. Era ésta una de sus armas predilectas, que él manejaba con gran habilidad.

Respecto a Perico Beltza, era hombre fuerte, pesado, muy poco inteligente, contrabandista desde la infancia. Le llamaban Perico Beltza, Perico el Negro, por su color moreno.

De los tres hombres emboscados, Martín era como un tigre, hombre de una gran fuerza, de una gran energía y de una gran crueldad; para él los obstáculos no existían, y si había que pasar por charcos de sangre, pasaba decidido y sin miedo.

Malhombre era como el lobo, cauteloso y sombrío, amigo de la obscuridad, de las aventuras nocturnas, a quien estorbaba la luz del sol; Malhombre amaba lo enigmático, lo secreto, las bromas terroríficas y siniestras, el mostrar la careta o el rostro tiznado mejor que la cara, el deslizarse entre las sombras.

Perico Beltza era pesado, malhumorado y torpe como un perro de ganado...

Llevaban los tres siniestros personajes más de una hora agazapados tras de una roca que había al comienzo del barranco de Inzola, cuando se vió a lo lejos a un hombre, montado en una mula, precedido por otro que iba delante con el ramal en la mano, y seguido por un tercero.

El hombre montado en la mula iba con una capa y el delantero, que llevaba la bestia del ronzal, marchaba esquivando los charcos; el zaguero, que sin duda vigilaba al preso, traía un paraguas abierto.

El que marchaba montado en la caballería era Chipiteguy; el que llevaba la mula del ronzal, Claquemain, y el que iba detrás con el paraguas abierto, Frechón.