—¿Ni siquiera de Frechón?

—A ese hombre le considero capaz de cualquier cosa, pero parece que estos días de la desaparición de Chipiteguy estaba en Dax.

—¡Quién sabe! Quizá esto no sea más que una coartada.

Aviraneta prometió al joven Sánchez de Mendoza que pondría todos los medios para averiguar el paradero de Chipiteguy, suponiendo que el viejo se hallara en España.

Los amigos de Chipiteguy, muy extrañados de su desaparición, hacían mil cábalas; para unos era una fantasía del viejo, que se había marchado de casa por capricho, otros creían que estaba secuestrado, y otros, que muerto.

Unos quince días después de la desaparición de Chipiteguy, Alvarito recibió una carta, que fué a leerla a Manón y a la andre Mari. La carta decía así:

"Mi querido amigo: Me han traído a España y me tienen preso. Para dejarme libre exigen que dé dos mil onzas. Vete a ver a Manasés León, con esta carta, y él te proporcionará la cantidad indicada. La tendrás dispuesta para entregársela inmediatamente al emisario que se presente ahí dentro de poco con una carta mía desde la frontera, que irá dirigida a don Alvaro Sánchez de Mendoza y estará firmada por Juan Dollfus.

No hay que avisar a la policía española, porque ella aquí, por ahora, no puede hacer nada, y la denuncia podría costarme la vida. Di a Manón que estoy bien y que pienso siempre en ella. Tu amigo, Chipiteguy."

Alvarito hizo lo que se le indicaba en la carta y esperó con el dinero en la caja a que apareciera el emisario, pero éste no apareció.

Una semana después, Manón recibió otra carta, en la que se le decía que su abuelo se encontraba preso, y que si quería verle libre, enviara una letra de quince mil francos, a cobrar en Elizondo, a nombre de Juan Echenique, de Almandoz; que no avisara a la justicia, porque no podría hacer nada contra los secuestradores del viejo y porque si sabían que eran denunciados podían matarle.