Manón y Alvarito consultaron con Manasés, y éste dijo que era una imprudencia enviar el dinero sin garantía, porque el Echenique podía quedarse con él y no librar a Chipiteguy.

Decidieron entre los tres escribir a Echenique, indicándole que le enviaban una carta de pago de quince mil francos a cobrar en casa de Rodríguez y Salcedo, de Bayona, y añadiendo que le pagarían desde el momento en que Chipiteguy estuviese libre en cualquier punto de la frontera de Francia.

Como ésta carta tampoco dió resultado, Alvaro fué de nuevo a visitar a Aviraneta, quien le dió una carta para Luis Arreche, alias Bertache.

Don Eugenio le decía en ella que se enterara de quiénes tenían secuestrado a Chipiteguy y en dónde; que les dijera a los secuestradores que no pidieran más de lo que habían pedido, porque el viejo no era tan rico como decían, y que, aunque lo fuera, quizá en la misma familia del viejo hubiera gente que le conviniese que Chipiteguy desapareciera.

—No, no hay nada de eso—dijo Alvarito.

—Seguramente que no—replicó Aviraneta—; pero es un argumento para gente un tanto canalla, que desconfía de todo menos de las malas intenciones.

Alvarito se dispuso a ir a España a ver a Bertache. Antes de salir, Aviraneta le llamó. Había sabido por Gabriela la Roncalesa que Martín Trampa, el hermano de Luis Arreche, era uno de los complicados en el secuestro de Chipiteguy. Martín vivía en Almandoz y Aviraneta pensaba que se le podía escribir a él directamente. Le escribieron. Alvarito y Manón decidieron esperar una semana, por si Martín Trampa contestaba; pero no contestó...


III
EL TESORO