La muchacha se puso una bata, cogió el farol con el que solía hacer la ronda nocturna con su abuelo y comenzó a bajar decididamente la escalera.

Alvarito la siguió con un garrote en la mano; las mujeres, al ver a los dos muchachos tan decididos, fueron también bajando las escaleras tras ellos.

Manón y Alvarito recorrieron la tienda, los almacenes y el patio y no encontraron a nadie.

—Quizá en la cueva se haya encerrado el ladrón.

Entraron en la cueva. A la luz del farol vieron las figuras de cera apoyadas en la pared con un aire extraño. La arpillera que cubría el grupo de los Asesinos había caído y el Asesino joven sacaba el brazo, armado con su puñal. La presencia de aquellas repugnantes figuras de cera renovó la obsesión de Alvarito; le produjeron espanto, y en medio de la noche, y en la cueva, y a la luz vacilante del farol, casi le dieron más terror que si fueran verdaderos ladrones que hubieran entrado en la casa.

Al volver a su cama, Alvarito reconoció en su fuero interno que, aunque aparentemente había quedado bien, en el fondo había tenido mucho miedo. Se avergonzaba, al mismo tiempo, de su cobardía y se asombraba de sus momentos de valor.

Al día siguiente, cuando Alvarito fué a su despacho, pudo notar señales de pasos en el patio. La noche antes había llovido y quedaban huellas de unas botas y el barro ya seco. No era, pues, ilusión el que hubiese habido gente dentro de casa por la noche, sino un hecho cierto.

Ahora, por dónde había entrado y por dónde habían salido, era lo que no comprendía, porque en el portal no había huellas y el cerrojo de la puerta estaba por la mañana echado.

Alvaro supuso si los ladrones, o lo que fuesen, se habrían descolgado por la pared del patio, o quizá por el tejado. Todo esto le dió a Alvarito gran miedo. La andre Mari y la Tomascha se alarmaron mucho al saber que era cierta la entrada de los hombres en la casa y decidieron que fueran a dormir al almacén Quintín y un primo suyo zuavo.

Este primo de Quintín era Max Castegnaux, supuesto hijo de Chipiteguy, que había llegado a sargento en el ejército de Argelia, y que estaba retirado y tenía un destino en el Ayuntamiento.