—Era un empleado de Chipiteguy y, al parecer, un gran intrigante.
—Sí, sí, tengo idea; mas creo que le llamaban de otra manera.
—Debió de estar en casa de usted varias veces.
—¡Tantos estuvieron!
—Sí; pero debió de ir a hablar de política, de intrigas...
—Era a lo que venía todo el mundo a mi casa.
—Sí, su casa en Bayona debía ser un nido de intrigantes.
—Entre los que te contabas tú.
—Hombre, don Eugenio, yo no tanto.
—¿Te acuerdas de las letras S, T, U, V, Y, Z?