—Veinte años ha sido mi mujer la querida de Lafón y ese cochino no le ha dejado nada en su testamento.

Todo el mundo le tenía a Puteche por un cínico y por un sinvergüenza. Indudablemente, al hombre le producía risa la idea de ser un marido engañado y que lo que para otros es un motivo de tristeza y de vergüenza, para él fuera un motivo de chunga. Sin embargo, algún resquemor debía quedar en él, porque se dijo que, cuando se murió, se le acercó la mujer a la cabecera de la cama y él la dijo:

—Fuera p...

Max Castegnaux y Patricio Larroque, los dos primos que de chicos se echaban en cara su atribuída paternidad, llegaron a ser amigos.

Max Castegnaux fué gran calavera. Una de sus gracias consistía en decirle a Chipiteguy, cuando pasaba a su lado: "¡Adiós, padre!"

Max, después de varias locuras, sentó plaza y estuvo en Argelia, donde llegó a ser sargento.

Patrich, el jorobado, se hizo sepulturero y consideraba a Chipiteguy de la familia y le llamaba siempre tío.

Al marcharse de la taberna de Ochandabaratz, Patrich llamó a un violinista callejero y le hizo tocar; pero aburrió pronto a los reunidos.

—A ver tú, Patrich—dijo Ibarneche—; dinos algunos epitafios del cementerio.

—No, ahora no—replico el sepulturero.