—No. Yo me encargo de mantenerle y de vestirle; luego ya veré lo que le puedo dar.

El chico escuchaba la conversación de Chipiteguy y de su padre con gran ansiedad.


VI
LOS SÁNCHEZ DE MENDOZA

La familia de los Sánchez de Mendoza llevaba ya más de seis meses rodando por distintos puntos de Francia. Había estado en Burdeos, en París y, por último, en Bayona, perseguidos implacablemente por la miseria.

El señor Sánchez de Mendoza se hacía la ilusión de que la miseria le había sorprendido, como puede sorprender un catarro; pero era lo cierto que siempre había vivido pobremente y de mala manera.

El señor don Francisco Xavier Sánchez de Mendoza, Montemayor y Porras, era manchego, de una pequeña aldea, entre Minglanilla y Graja de Iniesta.

Sánchez de Mendoza hablaba de su casa como si fuera un palacio y elogiaba a Minglanilla como si se tratara de un emporio.

En cambio, su mujer, natural de Cañete, encontraba su pueblo el centro del universo y todo lo comparaba con él.