Alvarito, el hijo de don Francisco, había vivido los primeros años de la niñez entre Graja de Iniesta y Cañete, y, aunque no recordaba bien estos pueblos, creía, bajo la palabra de honor de sus ascendientes, que eran verdaderamente admirables.
El padre de Alvarito, don Francisco Xavier, había educado a su hijo en el respeto por la Religión, el Rey la Nobleza, como hidalgo de limpia y esclarecida prosapia.
Algunos enemigos mordaces, ¿quién no los tiene?, aseguraban que el señor Sánchez de Mendoza se llamaba, sencillamente, Francisco Sánchez, que quizá su padre o su madre tuvieran algún apellido Mendoza, y que con la facilidad de arreglar los asuntos familiares al gusto de uno en una época obscura se hacía llamar Sánchez de Mendoza.
Se decía que su padre había sido secretario del Ayuntamiento de un pueblo de la Mancha y que no había tenido nunca una peseta. Don Francisco, en cambio, aseguraba que su padre fué segundón de una casa hidalga, ilustre y rica, y que tuvo un alto cargo en Cuba.
Sánchez de Mendoza mostraba su escudo a todo el que quisiera verlo, un escudo con más cuarteles que un pueblo prusiano.
El ilustre hidalgo de la familia de los Sánchez de Mendoza no podía emplearse en quehaceres vulgares y plebeyos. Como el perro de la fábula de Samaniego, pensaba que esto se lo debía a haber nacido perro y no pollino.
En su casa de la calle de los Vascos, don Francisco Xavier se dedicaba a ver cómo trabajaban los individuos de su familia, cómo guisaba su mujer y cómo bordaba su hija. Alguna rara vez pintaba a la acuarela los escudos que dibujaba su chico.
Los Sánchez de Mendoza y los Montemayor le preocupaban demasiado para que él pudiera consagrarse a trabajos de baja estofa. Había descubierto don Francisco Xavier que uno de sus antepasados, un Pérez del Olmo, era bastardo, y el terrible descubrimiento y la necesidad de poner en su escudo una barra de bastardía le preocupaba tanto, que este pensamiento no se separaba jamás de su espíritu.
El señor Sánchez de Mendoza se consideraba literato; había escrito un artículo, "Españoles y católicos antes que nada", y una hoja impresa con este título: "Vindicación de don Francisco Xavier Sánchez de Mendoza, Montemayor y Porras, de los calumniosos cargos hechos contra él. Dedicada al Rey Nuestro Señor Su Majestad don Carlos V".