Los que habían leído esta "Vindicación" decían que en ella no se podían averiguar cuáles eran los calumniosos cargos que se habían hecho a don Francisco Xavier; pero en la hoja se hablaba del condigno castigo, de las venerandas tradiciones, de la hidra de la anarquía y de la defensa del trono y del altar, y esto, naturalmente, ya era algo.
Todos aquellos lugares comunes políticos, empleados principalmente por sus correligionarios, sonaban muy agradablemente en los oídos de don Francisco Xavier, y a veces le conmovían, hasta tal punto, que sentía que le brotaban las lágrimas y se le apretaba la garganta.
El artículo y la "Vindicación", las dos obras más importantes salidas de su pluma, preocupaban mucho al buen hidalgo. Pensaba si sería el momento de hacer una segunda edición de ellas; suponía que el mundo entero las había tomado en cuenta. Con estas preocupaciones era imposible que el hidalgo se acomodase a un trabajo vulgar.
La mujer de Sánchez de Mendoza, a pesar de ser más joven que don Francisco Xavier, parecía más vieja; era una pobre mujer pálida, flaca, fatídica, que había vivido siempre miserable y que siempre estaba prediciendo desgracias. Para ella todo tenía que terminar, más pronto o más tarde, perfectamente mal.
Además, esta mujer poseía el talento de interpretar sus sueños, talento que había comunicado a su hijo Alvaro, que se preocupaba con espanto de sus pesadillas y quería encontrar una explicación racional de ellas.
La madre de Alvarito pretendía encontrar relaciones absurdas entre los sueños y los acontecimientos.
Soñar con toros era buena suerte; en cambio, soñar con habichuelas, significaba desgracia. El arroz, en sueños, era siempre cosa buena, y las patatas, mala.
Ella no comprobaba nunca tan absurdas suposiciones; pero esto, en vez de convencerle de la inanidad de sus hipótesis, las afirmaba, porque las mezclaba con otras supercherías entre mágicas y cabalísticas.
Alvarito era propenso, como su madre, a las fantasías y a las supersticiones. De chico había sido sonámbulo y su familia le había encontrado muchas veces sentado en camisa en la cocina o metido debajo de la cama. Había tenido, durante mucho tiempo, grandes miedos de noche, despertándose al poco tiempo de dormirse, estremecido, gritando, y quedando durante largo tiempo asustado y con una gran angustia.
Alvarito pensaba mucho en sus sueños; su madre le hacía fijarse en ellos. Cuando estaba fuerte soñaba con recuerdos de épocas muy remotas; en cambio, cuando estaba débil, intranquilo o inquieto, soñaba con acontecimientos más próximos.