Por esta época, don Eugenio redactó y mandó imprimir una proclama falsa, dirigida a los navarros y firmada por el capuchino fray Ignacio de Larraga, confesor de don Carlos y uno de los expulsados después de los fusilamientos de Estella. Este padre Larraga, Pico de Oro, según los baztaneses, era un fraile un tanto grotesco. De confesor del duque de Granada, que era un viejo beato, lleno de escrúpulos religiosos, que rezaba a todas horas, en todos los rincones, había pasado a ser confesor de don Carlos, sustituyendo a don Pedro Ratón. Se decía que Larraga, en el sitio de Zubiri, y el general Ros de Olano lo confirmaba, había avanzado hacia los cristinos y les había echado una plática pedantesca, en medio de la cual, de cuando en cuando, decía con voz tonante: "Ego sum Pater Larraga secundum Apostolorum."
En la falsa proclama de Aviraneta, atribuída a Larraga, se aseguraba que Maroto y sus compañeros estaban vendidos a los liberales, que era lo mismo que estar vendidos al demonio.
La alocución apócrifa terminaba así: "¡Viva la Religión! ¡Viva Navarra y sus voluntarios!"
Por entonces también escribió Aviraneta un papel que, traducido al vascuence, corrió mucho por las provincias. Era la carta fingida que escribía un labrador vascongado a un hojalatero, en la cual se intentaba sembrar la cizaña entre vascos y castellanos.
En esta carta se hacía la historia de cómo había empezado la guerra, y se echaba la culpa de la falta del éxito a los castellanos, flojos y poltrones, que para andar unas leguas necesitaban macho o burro.
Después de otras explicaciones, maliciosas para el vulgo, se aseguraba que los vascongados ansiaban la paz, y terminaba la carta con este refrán:
Naguia bada astoa
emayoc astazayari eroa,
edo astoa illa danean,
garagarra buztanean.