—Sí

—Tengo un amigo que quizá sirviera.

—¿Ha estado en España?

—Sí, muchas veces. Ahora que ha trabajado para los carlistas.

—¡Ah!

—Pero lo mismo le da trabajar por los liberales.

—¿Y habla español?

—Tan bien como usted.

—¿Quiere usted avisarle?

—Sí; pero, ¿qué gano yo con eso?