EL «RODNEY»

Al amanecer del día 6 de enero de 1836 nos encontramos en el buque inglés, vigilados por una escolta española, varios presos de distintas condiciones y clase social. Algunos no nos conocíamos; otros se consideraban como enemigos; entre los conocidos míos estaban Bertrán Soler, el coronel don José Montero, que había intervenido para ver de salvar a los presos de la Ciudadela, y don Francisco Raull, con quien había hablado un par de veces. Estaban, además de éstos, Gironella, un peluquero, un cafetero, un sastre, un chico joven, de edad de catorce años, aprendiz de pintor, y un cómico. Al llegar al barco, yo le escribí una carta a la señora de Mina, rodeado de marineros y sobre un cañón. La carta decía así:

UNA CARTA A LA SEÑORA DE MINA

«Señora doña Juana María Vega de Mina:

»Navío Rodney, 6, enero, 1836. (Al amanecer.)

»Mi estimada amiga: Usted no debe ignorar que estoy en este navío, habiéndome conducido a él la fuerza armada, que me sacó de mi cama a las dos de la madrugada como si fuera un facineroso. Yo estaba firmemente convencido de que usted pensaba que yo era incapaz de faltar a la sincera amistad que me une a su esposo, y que el asegurarla anteayer que yo no tenía arte ni parte en los últimos acontecimientos, bastaba; pero veo lo contrario. Veo que me ha tenido, y acaso me tiene, por un hombre falso y doble. Ya se ha dado la campanada. Mi honor está comprometido, y hoy exijo del señor Alvarez que se me forme causa, estando pronto a pasar a la cárcel o castillo que se me designe.

»Suplico a usted le hable al general para que así se decrete, y lo antes posible.

»Soy de usted atento y seguro servidor y amigo, que besa su pies,

Eugenio de Aviraneta

CARTA A MINA