El 7 de julio estuvieron a punto de zurrarse uno con otro. Pulgar fué de los que atacaron la Plaza Mayor de Madrid con Luis Fernández de Córdova, y Narváez, de los que esperaban en la Puerta del Sol para rechazar a los realistas.
Poco después, al formarse en la Seo de Urgel la Regencia absolutista, el Gobierno envió a Mina para batir el centro de la insurrección, y Narváez fué nombrado ayudante de aquel general. Herido en Castell Fullit, exclamó:
—Al primer tapón, zurrapas.
En la invasión del año 23, cuando las tropas de Cataluña tuvieron que capitular, Narváez fué conducido a Francia, prisionero, y después, aprovechando el indulto del año 24, regresó a Loja, donde vivió retirado al lado de su familia.
Alfonso Pérez del Pulgar, su rival, había cambiado de cuerpo y estaba entonces de guarnición en Granada, ya casado, y Narváez, cuando iba a la capital, le veía a él paseando con Juanita en el Salón y en las alamedas de la Bomba.
Narváez tenía a toda la familia de Pérez del Pulgar un odio terrible. Un día que el padre de Pulgar había entrado en una casa de juego de Granada y había puesto a una carta una bolsa verde llena de dinero, Narváez cogió la bolsa, la tiró al aire y dijo:
—Donde estoy yo no apuntan los realistas.
A la muerte de Fernando VII, Narváez entró de nuevo en el ejército, y yo con él, y el año 34 fué destinado a servir en el Norte, bajo las órdenes del general Mina. Yo le seguí.
Estábamos en Navarra con don Francisco Espoz y Mina cuando supimos que Alfonso Pérez del Pulgar se encontraba de coronel en las filas de Zumalacárregui. Narváez, furibundo, le invitó varias veces a batirse con él; pero su enemigo no hizo caso de este reto.
Poco después, don Luis Fernández de Córdova dió el mando del regimiento de la Princesa a Narváez.