—Si yo fuera hombre y tuviera libertad...—me decía ella.

—¿Qué haría usted?

—Creo que el mundo me parecería pequeño para mis arrestos. Hubiera estado en todos los países y visitado todas las ciudades.

—Yo he estado en París y en Londres, y me he convencido de que hoy se pueden hacer muy pocas cosas en el mundo.

—Qué poca sangre tiene usted—decía ella—; me hiela usted con sus palabras.


X.
UN VIAJERO MISTERIOSO

Un día se habló en Tarragona de un viajero desconocido y misterioso llegado a la posada de la Fontana de Oro, en la Rambla. Dijeron unos que era un italiano venido de Valencia en un barco; otros, que llegaba de Reus en una tartana. Al principio se le tomó por emisario carlista; luego, por republicano, y alguien concluyó diciendo que no debía ser mas que un aventurero y un jugador de ventaja.

A los pocos días, el italiano se hizo amigo de Vidal y de Secret, y éstos lo llevaron a casa del capitán Arnau. Era el italiano hombre de cierta efusión; yo le conocí también y me trató en seguida como amigo.