—¿Cuánto tiempo hará de eso?

—Pues, hará cerca de veinte años.

—No puede ser. Hace unos catorce o quince años, Juan de Aguirre vivía, y estaba, según me dijeron, en Ilo-Ilo.

—No creo que fuera él; me parece imposible.

—Yo no le he visto—repuso el capitán—, pero he conocido gente que ha hablado con él.

—Podría ser una persona del mismo nombre.

—¿Del mismo nombre, del mismo pueblo y que hubiera navegado de piloto en el mismo barco?... Muy raro tenía que ser.

—Sí, es verdad. Pero si hubiese vivido en Ilo-Ilo, le hubiese escrito a su madre.

El capitán se encogió de hombros como si el argumento no le convenciera y añadió con indiferencia: