—¿Escocés, quizá?
—Sí.
—Allen: lo recuerdo.
—¿Y en qué condiciones le conoció usted a mi pariente?—le dije.
—¿Está usted para bastante tiempo aquí, mi oficial?—me preguntó el viejo.
—Mañana por la mañana he de zarpar para Buenos Aires.
—Pues si no tiene usted algo más importante que hacer, venga usted esta tarde a las cinco; le contaré lo que sé de Ugarte.
—Muy bien. A las cinco estaré aquí.
—Ahora, vamos—añadió el viejo, dirigiéndose al capitán de la Dama Zuri—, a nuestros asuntos.
Me despedí del capitán y de Itchaso, fuí a mi barco, y a las cinco en punto estaba en el muelle de Borgoña, en la tienda de objetos navales.