—No, no—decían todos.
—No te vayas, Shanti—gritaba un viejo.
—Tengo que marcharme.
—¡Fuera! ¡Fuera! ¡Ese patrón al agua! No te vayas, Shanti—gritaban los demás.
Cuando ya no podíamos con nuestra alma, abandonamos el Guezurrechape, y nos fuimos a casa. Llovía, el muelle estaba cenagoso; yo me equivoqué y en vez de ir hacia casa fuí al Rompeolas. Gracias al sereno, que me encontró y me acompañó hasta casa, pude encontrarme al amanecer en mi cuarto.
VII
MACHÍN DESAPARECE
Hacía ya mucho tiempo que Machín no se ocupaba de Mary ni de mí para nada. No se le veía jamás por Lúzaro.
Se iba acercando el día de nuestra boda.
Una noche, al entrar en casa, vi a Machín que me esperaba en el portal.
Me eché a temblar, lo confieso. ¿Qué querría aquel hombre?