—¿Qué querían ustedes?

—Este señor tiene que hablarle—contestó secamente el doctor—. Yo le hablaré después.

Machín levantó la cabeza, asombrado del tono del médico, dispuesto, sin duda, a replicar con violencia; pero se calló.

Yo vengo a hacer dos cosas—dije yo—. La una, entregarle a usted este sobre del difunto padre de Mary.

—¿A mí?—preguntó él en el colmo del asombro.

—Sí, a usted—y saqué el sobre y lo dejé encima de la mesa.

—Está bien, muchas gracias—murmuró él.

—La otra, que no emplee usted medios tan miserables y tan indignos como éste—y eché el periódico al suelo.

Las mejillas pálidas de Machín tomaron un tono rojo, sus pupilas fulguraron; pero no replicó.