—Sí, señor.
—¿Les tienes cariño a los de tu casa?
—Sí, señor.
—¿A la señora y a las señoritas?
—Sí, señor.
—¿Y al señorito Juan?
—También.
Y la muchacha se ruborizó. Yo continué con mis preguntas.
—¿No quieres marcharte de Aguirreche?
—No, señor.
—Sí, señor.
—¿Les tienes cariño a los de tu casa?
—Sí, señor.
—¿A la señora y a las señoritas?
—Sí, señor.
—¿Y al señorito Juan?
—También.
Y la muchacha se ruborizó. Yo continué con mis preguntas.
—¿No quieres marcharte de Aguirreche?
—No, señor.