—Siéntate—la dije.

La muchacha se sentó y yo comencé el interrogatorio.

—¿Hace mucho tiempo que estás en Aguirreche?

—Sí, ya va a hacer mucho tiempo.

—¿Cuántos años tienes?

—Diez y ocho.

—Tus padres están en un caserío de la familia Aguirre, ¿verdad?

—Si, señor.

—¿Les tienes cariño a los de tu casa?

—Sí, señor.