Contemplé a la muchacha, que bajó la vista; le tomé el pulso, y dije:

—Que vaya a mi casa y la reconoceré más despacio.

—Bueno, ya irá. ¿Cree usted que tendrá algo grave?

—Ya veremos.

Me despedí de la familia y seguí haciendo mi visita.


II

LA CONFESIÓN

Acababa de tomar café; estaba charlando con mi madre y mi hermana en esa pequeña galería de cristales que da a la huerta, cuando entró la Shele. Acudí a su encuentro, la pasé al despacho y cerré la puerta.