Digo si tienes confianza en mí. Si crees que soy un hombre malo.
—¡Un hombre malo! No; no, señor.
—¿Entonces, tienes confianza en mí? ¿No crees que yo te quiera hacer daño?
—No; no, señor; yo no he dicho eso.
—Ya sé que no lo has dicho; te lo advierto, para que sepas que soy tu amigo, que te quiero bien. ¿Comprendes?
—Sí, señor.
Entonces ya le dije claramente lo que tenía que decirle.
—Tú has tenido amores con el señorito Juan, ¿verdad?
—No; no, señor.
—¡Para qué negarme la verdad! ¡Tú has tenido amores con él, y lo que te pasa es la consecuencia natural ... ¿Comprendes?