—Y mientras llega la carta y la recibe, si es que la recibe, ¿qué piensas hacer? ¿Ir al caserío?

—No, al caserío, no. Mi padre y mis hermanos me pegarán.

—Entonces, ¿quieres que yo se lo diga a la señora para ver qué decide?

—No, no. ¡Ay, ené!

Pues, ¿qué vas a hacer? ¿Adónde vas a ir?

—No sé.

La Shele miraba el suelo y suspiraba. Las lágrimas corrían por sus mejillas.

Yo, algo impaciente, me levanté y la dije:

—Nada, tú decidirás. Yo ya te he indicado lo que te puede pasar. No sé qué aconsejarte.