Me habló de que por tu mano había recibido un manuscrito de su padre, y prometió enviármelo.
—¿Y se lo envió a usted?
—Sí; lo he leído ya; por cierto que no sé qué hacer con él. Creo que tú eres el más indicado para guardarlo. De manera que llévatelo.
Cogí el manuscrito, lo llevé a casa y comencé a leerlo en seguida.