—¿Tiene usted algún otro conspirador en el baile?
—Sí.
—¿Se va usted?
—En seguida vuelvo.
No hizo mas que marcharse Aviraneta, cuando la máscara que había encontrado al entrar se me acercó de nuevo.
—¿Ha concluído usted su cita misteriosa?—me dijo.
—Sí.
—¿Han tratado ustedes algo importante?
—Me estás escamando, máscara—le dije yo—. ¿Es que eres de la policía?
Comprendí a través de la careta que la mujer se había turbado y avergonzado.