Se le exhortó a que se callara y él prometió no decir nada aunque lo asparan. Iba a despedirse de nosotros cuando vió a María Visconti, y tal fué su entusiasmo, que dijo que inmediatamente que hiciera su comisión tenía que volver a Madrid.
Efectivamente, así lo hizo, y se convirtió en un mastín de la italiana.
Aviraneta le llamaba el Perrete.
III
GENTE DE LA CAMARILLA
María Visconti seguía con la idea fija de realizar su venganza. Tenía un gran sentido de la maquinación y de la intriga.
Se había hecho amiga de unas monjas y de una francesa llamada Luisa, que se enriqueció en poco tiempo siendo el ama de llaves del ministro de Gracia y Justicia don Pedro Macanaz.
Luisa y el ministro hicieron magníficos negocios vendiendo empleos.
Terciaba Luisa cuando vacaban los destinos más lucrativos, averiguaba quiénes eran los pretendientes y se entendía con ellos.