María y Aviraneta se trasladaron a otra casa de huéspedes. Aquí recibieron la visita de un tal Freire, que luego fué intendente de Hacienda de Don Carlos.

Freire, María y Aviraneta fueron a casa de Corpas, que vivía en la plaza de los Afligidos.

Según me dijo María, Aviraneta se presentó como víctima de los masones, barajando en su charla los nombres de una porción de curas y de frailes.

Al parecer, el haber estado en la guerrilla de Merino le servía muy bien.

Cuando le vi a Aviraneta le pedí noticias de su entrevista con Corpas.

Me dijo que se había reducido a hablar acerca del estado de España, pero que tenía la impresión de que Corpas pensaba utilizarle de algún modo.

—¿Qué clase de hombre es?—le pregunté.

—Es un hombre de cuidado—me contestó.

—¿Sí?

—Un tipo muy inteligente, muy sutil, de estos ambiciosos y atrabiliarios cuya única idea es subir, y que disfrazan sus ansias de poder con el manto de la religión. Es capaz de todo.