VI
LA COARTADA DEL FRAILE
Corpas seguía dando avisos constantemente a Aviraneta, llamándole a su casa para hablarle. Le había hecho entenderse para las intrigas políticas con Freire y con el fraile que había acompañado en la reunión al dominico navarro, fraile a quien llamaban el padre Madruga.
Aviraneta me dijo que había cedido su guardilla de la calle del Viento a la Sociedad de la Santa Fe. Así como ésta tenía su reunión aristocrática en el palacio donde habíamos estado una noche, y que no sabíamos cuál era, tendría su reunión plebeya en la guardilla de la calle del Viento, capitaneada por el padre Madruga.
—Usted tiene el amor del peligro—le dije a Aviraneta.
—¿Por qué?
—¿A qué llevar a esos hombres a un sitio donde hemos estado nosotros? Ha podido quedar algún rastro, un papel...
—No, no hay nada. Les he llevado allí porque conozco las salidas y entradas de la casa, y en una pared falsa tengo un armario con un arsenal, armas, cuerdas, etcétera... Además, en esta Sociedad naciente he metido dos o tres amigos de confianza, gente del pueblo.
—¿Quiénes son?