Aviraneta oía lo que decía el fraile con aparente tranquilidad. Yo comprendía que estaba alarmado y que su alarma había aumentado al verme a mí.

—¿No me habrá citado él?—pensé.

Aquella gente tramaba algo contra nosotros; ¿pero qué podía ser?

No debían querer impedirnos la salida, porque Aviraneta dijo: «Yo me voy»; y el padre Madruga y los demás se quedaron tranquilos.

—Antes voy a beber un poco de agua—repuso luego Eugenio.

Por lo que supe después, Aviraneta habló en este momento con uno de sus amigos, el Majo de Maravillas, y éste le explicó lo que ocurría.

—El padre Madruga—parece que le dijo—nos ha indicado que hay dos masones peligrosos en la Sociedad. Un francés de Bayona se lo ha contado. Este francés le conoce a uno; al otro, no.

—¿Cómo se llama el francés?—le preguntó Aviraneta.

—Paulino.