Aviraneta comprendió que era Paulino Couzier.
—Este francés—siguió diciendo el Majo, el chispero—va a venir aquí con la policía a las doce, y la Ronda estará hasta esa hora en la calle y registrará a todos los que salgan de aquí, menos a los que sepan el santo y seña.
—Pero el santo y seña lo sabemos todos: «Marzo, Fernando y Religión».
—No, no; lo han cambiado. Desde las diez de la noche es distinto.
—¿Y no lo sabes tú?
—No; por ahora, no.
—No querrán decírtelo. Sospecharán.
—Es posible.
—Espérame un momento—le dijo Aviraneta.
Y, acercándose a su armario secreto, sacó varias botellas y las puso sobre el fogón de la cocina.