—¿Qué le ha hecho a usted?
—Que él fué el que denunció a mi hermano, el que le llevó al calabozo y declaró contra él. La muerte de mi hermano pide venganza.
—Calle usted—dijo Aviraneta—. ¿Quiere usted entrar con nosotros?
—Sí.
Efectivamente, entramos los tres en la guardilla.
Estaban Freire, Magaz, el padre Madruga y Juan y Medio, en la ventana; el Majo el chispero seguía sentado a la mesa y bebiendo a sorbos aguardiente.
—¿Qué, vuelven ustedes?—preguntó el fraile.
—Sí, hay gente sospechosa en la calle—contestó Aviraneta, riendo.
El fraile se mordió los labios.
—Sí, allí se les ve—añadí yo, asomándome a la ventana.