—Pero ustedes saben el santo y seña; no les pasará nada—dijo el fraile.

—Sí, pero no me fío.

—No nos fiamos.

Aviraneta, rápidamente, cerró la ventana y las maderas.

—¿Para qué cierra usted?—dijo el fraile.

—Para que no vean la luz.

Aviraneta se sentó a la mesa e invitó a Juan y Medio a beber una copa de aguardiente.

—No, no; yo prefiero el vino.

Aviraneta bebió la copa de aguardiente y Juan y Medio un vaso de vino. De pronto, el hombre alto dijo que no estaba acostumbrado a trasnochar y que tenía sueño, se levantó y se marchó.