—¿Qué hora es?—preguntó el fraile.

—Las once y cuarto—contesté yo.

—Este sueño... intempestivo... me choca... Si me dieran un poco de agua...

—Ahí está la botella—dijo Aviraneta, señalando una colocada sobre un vasar.

El fraile llenó un vaso de agua y comenzó a beberlo.

—¡Es extraño!—dijo—; le encuentro el mismo gusto que al vino.

—Estará vieja—saltó Aviraneta.

—Sí, esa agua está muy turbia—repuso Freire.

—Sí, está turbia—añadió Magaz—. No beba usted, padre; ¡quién sabe lo que puede haber ahí!