—Vámonos, vámonos; esto es lo mejor.
—Sí, vámonos—dijeron los tres, levantándose.
—Este velón parece que se nos apaga—murmuró Aviraneta, levantándolo en el aire.
—No, no alumbra bien—replicó Magaz.
—Usted cree...—y Aviraneta lo levantó hasta la altura de los ojos y lo dejó caer al suelo.
VII
LA VENGANZA
Quedó todo a obscuras; en aquel momento yo no supe lo que pasó; luego me dijo Aviraneta que él y el Majo habían sujetado con dos cuerdas a Magaz y a Freire, atándolos en un momento, con la ayuda de María.
Después de un ruido ahogado de voces y patadas, en que se oyó cerrar una puerta, Aviraneta, con voz tranquila, dijo: