Pasaron días y no ocurrió nada. En casa no volvió a aparecer don Luis Miranda.

Por lo que contó Aviraneta, Coral había ido con gran sigilo a ver a la celestina india; y al saber que había escapado comprendió de dónde venían las noticias de su novio.

Un día le dieron a Aviraneta una cita de noche. Eugenio, que era desconfiado, se presentó con cinco amigos suyos, entre ellos Gavilanes y Volkonsky.

Aviraneta iba algo separado de los otros, que marchaban a pocos pasos tras él.

Al llegar al punto de la cita, siete u ocho enmantados, dirigidos por Fernando Miranda, se echaron sobre Eugenio. Mientras éste se defendía, Gavilanes, Volkonsky y los demás corrieron al lugar de la pelea y se enzarzaron a puñaladas y a tiros, dejando descalabrados a unos cuantos y haciendo huír a los otros, entre ellos a Miranda.


IV
VOLKONSKY

Aviraneta y Volkonsky, trabajando mucho, consolidaron su sociedad minera, que fundaron con muy buen capital, e hicieron que nuestra casa se encargase de los giros.

Entonces conocí yo a Ladislao Volkonsky. Volkonsky era un muchacho muy simpático. Su historia era curiosa.